Antonio de Viana

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Poeta Viana
Poeta Viana

Historiador, médico y poeta canario. Estudió medicina en Sevilla, en donde posiblemente conoció al gran escritor español Lope de Vega, de quién recibió la dedicación de un soneto, Vega se inspiró en Viana para realizar una obra sobre “los guanches de Tenerife”. Desde 1607 prestó servicios al Cabildo de Tenerife para llevar a cabo la atención de los enfermos del hospital y también trabajó en Las Palmas, donde fue médico del obispo Murgas. La biografía de Viana, hasta donde podemos saber, está marcada por los numerosos viajes a Sevilla y su estancia en Gran Canaria. El oficio de médico lo llevó varias veces de la ciudad hispalense a Tenerife y viceversa. Marchó definitivamente a Sevilla en 1634. La obra literaria de Viana está compuesta exclusivamente por un título, Antigüedades de las Islas Afortunadas de la Gran Canaria, Conquista de Tenerife y aparescimiento de la ymagen de Candelaria, también conocido como Antigüedades de las Islas Afortunadas, Poema de Viana o Conquista de Tenerife. Reúne en ella la historia, la leyenda y la invención. La realizó con 24 años. Hay que tener en cuenta algunos aspectos que circundan la creación del poema para justificar la calidad desacorde que presenta por momentos. Se trata de una obra de encargo (a petición de Juan de Guerra Ayala) que el autor culminó a la temprana edad de veinticuatro años. Obra magna, sin embargo, para tratarse de un poema de juventud, nos encontramos ante el continuador de la vereda mítica iniciada por Cairasco. Ambos autores se conocieron en Gran Canaria y cultivaron una amistad que se vio reflejada en sendas dedicatorias. En el segundo canto del Poema, Viana alude a la Selva de Doramas y Cairasco corresponde al poeta lagunero con la inclusión de uno de sus sonetos al comienzo de Templo Militante.


Tanto se estima el bien cuanto es más caro y así lo que se adquieren en la guerra entre peligros, daños, males, pérdidas, de más de ser honrosos, son preciados; estando, pues, el bravo rey Bencomo solícito, ocupado, apercibiendo las cosas necesarias de la guerra, viendo emplear el tiempo a sus soldados, unos labrando de rollizos troncos de fuertes acebuches gruesas mazas, grandes bastones de pesadas porras, otros tostando y aguzando dardos de fina tea y resinosos pinos, otros limpiando filos cortadores de montantes, espadas, lanzas, picas despojos que a su costa en buena guerra ha ganado a los fuertes españoles.

[Del Canto XIV de Antigüedades de las Islas Afortunadas]

Los versos de Viana rebosan amor a su tierra y a la raza guanche, ponderadamente en ocasiones. Exalta la virtud y belleza de la cultura guanche. El Poema está compuesto por dieciséis cantos y se centra temáticamente en la Conquista de Tenerife, capitaneada por Fernández de Lugo. Le contrarresta en poder la figura del mencey Bencomo, líder de la resistencia isleña. Los campos de batalla se localizan en La Matanza, Acentejo y La Laguna y paralela a la acción bélica se desarrolla el asunto amoroso de tres parejas: Dácil y el capitán Castillo, Rosalba y Guitón y Guacimara y Ruimán. En la obra se pueden juzgar dos aspectos: el mérito literario y los datos históricos que aporta. Muestra precisamente de la condición de su autor, que no llega a ser completamente historiador ni poeta. No obstante, la calidad de su obra fue valorada por Lope de Vega (a quien conoció en Sevilla) que supo extraer del poema los asuntos de mayor carga dramática para adaptarlos a la escena. De ese modo, la aparición de la Virgen de Candelaria y los amores entre la princesa Dácil y el capitán Castillo centran la acción de la pieza Los guanches de Tenerife. Si Cairasco emprende con Doramas el mito canario en el espacio natural, Viana consolida con Dácil el nacimiento de la tradición mítica de la literatura canaria en el espacio del ser. Continuas lecturas del mito de Dácil harán referencia tanto a la exaltación aborigen como al debate de la identidad canaria, que tiene en el mestizaje uno de sus puntos clave junto a la insularidad. También en Sevilla ocupó la plaza de médico cirujano y adquirió gran fama como médico. El nombre de la Calle Viana es en honor a este ilustre personaje. También cabe resaltar que en 1601, debido a una epidemia, el Cabildo de Tenerife lo propone como “médico de la isla”.