Callejón de La Caza o del Deán Palahí: El rapto de la monja

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Callejón de La Caza o del Deán Palahí
Callejón de La Caza o del Deán Palahí

Angosta travesía que discurre entre el Convento de Las Catalinas y el Palacio de Nava. Uno de los callejones más transitado durante siglos. Era de los pocos sitios que se permitía la venta de caza, por estar cerca de la plaza. También es un escenario para dejar suelta la imaginación mirando al pasado e historias como el rapto de la monja Sor Úrsula de San Pedro. Don Jerónimo de Grimón, hijo natural del dueño del Palacio de Nava, capitán de milicias aunque avecindado desde su adolescencia en la ciudad de Sevilla, casado allí con doña María de la Fuente Guzmán, aunque realizaba frecuentes viajes a la isla nativa en la que residía su padre y también Sor Úrsula de San Pedro, monja del adjunto Convento de Santa Catalina de Siena, una dama de histórico abolengo tinerfeño y belleza deslumbrante, con quien, antes de la clausura, le ligaba "estrecha amistad y devoción".

Seguían sintiéndose atraídos, a pesar de la clausura, por lo que tramaron una fuga. Parece que ella salió del convento disfrazada de paje. Se encontraron fuera y huyeron en un carruaje, palpitando de amor y terror. Dada la gravedad de los hechos, desde el punto de vista eclesiástico, ¡un sacrilegio!, tenían que escapar de la isla. Intentaron hacerlo, para ello se dirigieron a un navío inglés anclado en la bahía del puerto de Santa Cruz. Advertida la Priora de la desaparición de la monja, denuncia el hecho a la justicia que consigue detener la pareja, ya a bordo del navío y en el preciso momento que éste iba a darse a la vela.

La monja fue entregada al prelado y devuelta al convento. Don Jerónimo fue acusado de rapto de una religiosa y condenado a muerte por el Rey, siendo ejecutado justo en la esquina de la plaza, en 1651. Por sentencia, se obligó a Sor Úrsula a presenciar, desde la celosía del ajimez, la ejecución de su amado y querido don Jerónimo.

No sólo eso, concluida la ejecución pública, la cabeza de Don Jerónimo fue clavada en una pica y expuesta, como escarmiento, en las tres plazas: “Adelantado”, frente al convento, la plaza de Los Remedios y la de La Concepción, en la Villa de Arriba. Sor Úrsula fue encerrada de por vida en su celda.

Si entras en la iglesia de las Catalinas, observa un pequeño ventanuco con rejilla situado a la derecha del altar sobre la puerta que da entrada a la sacristía. Desde allí, sólo podía presenciar los oficios religiosos y orar por el alma de su amado.