José Abad

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Escultura de Jose Abad
Escultura de Jose Abad

Este escultor (La Laguna, 1942) muestra en el transcurso de los años setenta y ochenta, una gran creatividad plástica. A pesar de la intensa actividad en estas décadas, da importancia a la conciencia espacial y a la realización de obras para el espacio público. Retoma el material con el que comenzó la carrera, el metal, teniendo como ejemplo la obra «Paisaje para un Homúnculo» (Homenaje a Millares).

Es un escultor que se distingue por sus formas monumentales y sólidas, hechas principalmente en hierro forjado, aunque también trabaja con el bronce forjado y cincelado o, en menor medida, con la madera, casi siempre guardando unas inequívocas referencias a la figura humana y a los seres de la naturaleza.

Trabajaba con una tendencia pronunciada a la síntesis lingüística, mostrando frecuentes alusiones al mundo del sexo que suelen ser tratadas con una levísima nota irónica, o, mejor dicho, una actitud festiva y desinhibida.

A finales de los setenta comienza una etapa en la que pretende dar un nuevo discurso basado en el juego de las apariencias e ilusiones, fantasía y ornamentación. No plantea una recuperación historicista del barroco, su objetivo es acomodar todos los mecanismos creativos dentro de un lenguaje y sensibilidad barroco atemporal. Para ello utiliza elementos mecánicos industriales además de formas y molduras que proceden del arte religioso y decorativo. Trabaja la madera y crea aparatosos retablos pintados de negro, como el «Retablo de San Blas» (1978). Destaca la serie «Espejos», con repisas animalísticas de aves disecadas, y utiliza objetos de desecho.

En los años noventa su obra da un giro importante, teniendo como mejor ejemplo los Guanches de Candelaria, proyecto que emprende en 1991 y termina en 1993. Encargo que surge tras la iniciativa del Ayuntamiento de Candelaria, de sustituir las figuras de los menceyes guanches realizados por Alfredo Reyes Darias. Debido a la erosión y al salitre se acuerda la restauración de dichas esculturas para su posterior ubicación en otro lugar del municipio y la realización de nuevas esculturas en bronce. También es el autor de diversos monumentos en La Laguna como la figura de Bencomo en la rotonda de Gracia.

Es un momento de investigación en el que ahonda en las raíces de la escultura así como la expresión figurativa de sus obras. Desarrolla una vuelta al indigenismo, dando importancia a la recuperación del modelado. Supuso un importante reto para el artista, pues “acepta desarrollar un conjunto escultórico desde las coordenadas establecidas por el promotor y, […] bucear en el pasado para poder dar a las figuras la apariencia física de los aborígenes guanches […]”. José Abad sustituye las diez figuras que había esculpido Reyes Darias por nueve, basándose en el informe emitido por Jesús Hernández Perera.

El valor de la obra mereció el reconocimiento de numerosos galardones y parte del trabajo se expone de forma permanente en diferentes museos y colecciones privadas de museos canarios así como en colecciones extranjeras en Londres, Milán, Tokio, Mont-de-Marsan y Calais.