Nicolás Estévanez

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Escritor, periodista, político, historiador y traductor, es uno de los poetas y activistas políticos más notorio de la historia de Canarias, nació hacia el año de 1838 en el edificio de la Inquisición en la plaza de San Antonio Abad, Las Palmas de Gran Canaria. La residencia habitual de la familia Estévanez se encontraba en el barrio de Gracia, La Laguna, a donde se trasladó desde muy niño.

Nicolás Estévanez es una de las figures más importantes de la historia y literatura de Canarias, pero además es uno de los personajes más distinguido de la política estatal. Estévanez, vivió un largo y complejo proceso histórico que va desde el colonialismo e imperialismo del reino de España hasta las revoluciones sociales del S XIX, en las cuáles fue protagonista. Pero, más paradójica, contradictoria, peculiar y tenáz fue la vida de esta artista canario. Nicolás Estévanez destacó por su acendrado espíritu liberal y republicano. Fue un incansable viajero y manifestó siempre un sentido amor a sus Islas Canarias, a las que añoraba, protagonizando varios de los mejores y más populares poemas dedicados a las Islas. Nicolás Estévanez, con el estilo artístico liberal y romántico que le caracterizaba, se convirtió pronto en el padre de la Escuela del Regionalismo Canario de Literatura.

Este ideólogo nació en el seno de una familia burguesa, de padre progresista militar de Málaga y madre procedente de la familia Murphy, comerciantes irlandeses. Tuvo varios hermanos, siendo Patricio el que más trabajaría y compartiría los ideales junto a Nicolás Estévanez, el hermano Diego también fue un afamado artista.

Nicolás Estévanez fue militar e insurrecto varias veces, valorando por encima del ejercicio militar la moral y el ideario que defendía, participó en la Guerra de África (1859-60) donde consiguió la Cruz Laureada de San Fernando por participar en dos batallas y quince acciones. Fue en los destinos de Cuba y Puerto Rico, donde denunció las atrocidades del colonialismo español, luchando finalmente por la libertad de estos territorios. Así, a Nicolás Estévanez se le llegó a definir como una persona bajo el ideal de un profundo africanismo y americanismo. Nicolás se comprometió con lucha por la democracia y la justicia social desde muy joven, siendo protagonista del “Compromiso Estévanez”, por el cual se iba a considerar al archipiélago canario como un estado federal, cristalizado en el pacto entre casi todos los diputados Canarios, a dicho estado canario lo representarían los dos cantones o capitales de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria.

Dentro de la actividad política de Nicolás Estévanez, pasó de Marruecos a Puerto Rico en 1960, donde se casó con María Concepción Suárez Otero, teniendo dos hijos. Posteriormente fue destinado a Estados Unidos para investigar y realizar la Memoria de la Guerra de Secesión, a la guerra de Santo Domingo y finalmente a Cuba. Tras posicionarse duramente contra el trato colonial de los gobiernos Isabelinos en América, en 1968 se dio de baja como militar para realizar una de las labores en las que más destacó y mayores resultados alcanzó: la conspiración política. Estévanez siempre fue políticamente más allá de los cargos que ostentaba, integró el sector más revolucionario del partido Republicano federalista de entonces, siendo partícipe de los levantamientos federalistas de la «Revolución de Septiembre de 1868», y las revoluciones de 1869 y 1872, organizando y dirigiendo milicias y batallones revolucionarios en dichos levantamientos populares.

En el triunfo de la Revolución de 1868, se le ofreció la dirección de la transición como miembro de la Junta Nacional, pero Nicolás Estévanez la rechazó, decantándose por la acción política a pie de calle. Volvió al ejército, esta vez republicano, pero esta nueva forma de gobierno no satisfacía los ideales democráticos y libertarios de Nicolás, por lo que siguió realizando conspiraciones contra el régimen, hasta que fue encarcelado 11 meses en 1869, quedó en libertad por la amnistía de 1879. En la cárcel colaboraba con los periódicos de El Combate y El Rayo, se acercó a la masonería, pero desistió de ella «por no tener que tratar a príncipes y reyes». Al salir de la cárcel entró al ejército, pero debido a la derrota republicana solicitó volver a Cuba para no ejercer en la represión contra los antiguos compañeros republicanos.

La siguiente salida del ejército se debió a su oposición a la crueldad de la administración colonial y el ejército en La Habana, siendo esta vez la definitiva, acercándose así a la lucha por la libertad de Cuba. Aquí publicó “Glorias Cubanas”, pero Nicolás Estévanez es famoso en Cuba principalmente por el acto que realizó en la Habana en contra del fusilamiento de “los ocho estudiantes de medicina”. Es uno de los momentos más recordados de dicha “guerra de los diez años”, Nicolás Estévanez rompió en público el sable militar y acusaó a los protagonistas del fusilamiento de cometer un crimen. Actualmente en el portal del Hotel Inglaterra, en la calle de San Rafael y Prado de La Habana, acera del Louvre, hay una placa de Bronce que condecora la acción de Nicolás Estévanez, cuya indignación le hizo romper la propia espada. Esta placa fue presentada por la Asociación Canaria de Cuba y junta a ella están el tributo a los ocho estudiantes fusilados. Estos adolescentes fueron acusados de profanar la tumba del periodista español Gonzalo Castañón, algo que posteriormente quedó desmentido. Tras ello Estévanez renunció una vez más a su carrera como militar. Nicolás, mantuvo un duro enfrentamiento con uno de los principales criminales de guerra en Cuba, compañero de ejército suyo, Valeriano Weyler, “Marqués de Tenerife”, quien dio la orden del asesinato de los estudiantes. A Weyler se le atribuye la invención de los campos de concentración, mediante los que asesinó a un millón de campesinos cubanos. Otro motivo de enfrentamiento fue la orden de detención que este levantó sobre Secundino Delgado, el considerado padre del nacionalismo Canario, por lo que éste, a posteriori, estuvo a punto de acabar con Weyler en un atentado en Cuba. Así, además de la rotura del Sable, Estévanez retó a duelo al torturador Millán Astray. Nicolás Estévanez dedicó unos versos sobre Weyler:

“Mirada de reptil, cuerpo de enano, instinto de chacal, alma de cieno, hipócrita, cobarde, vil y obsceno como el más asqueroso cuadro humano. Azote un tiempo del país cubano, a todo noble sentimiento ajeno, hasta el mismo Satán convierte en bueno esa excrecencia del linaje humano. Ruinas, desolación, hambre y miseria las obras son que a ejecutar se atreve ese horrible montón de vil materia. ¡Y a un monstruo tal, con intención aleve, el Gobierno de Cuba encarga Iberia  al acabar el siglo diez y nueve!”.


Con la llegada de la República de 1873 el nuevo gobierno le ofreció a Estévanez los Gobiernos Civiles de Barcelona, Cádiz y Madrid, rechazándolos todos en principio. Pero, aunque Estévanez siempre prefirió la vía de la insurrección frente a la parlamentaria, llegó a aceptar los cargos de Gobernador Civil de Madrid y Ministro de la Guerra ofrecidos por el federalista catalán, presidente de la primera república y líder del republicanismo Pi y Margall. En el despacho de gobernador puso un cartel que ponía: «El Gobernador no tiene ni destinos, ni dinero, ni nada que dar»). Como gobernador venció los once movimientos de los reaccionarios carlistas así como los asaltos del 23 de abril de 1873. También colaboró para que no se fusilara al general reaccionario de dichos sucesos, Serrano. Se le propuso como jefe de estado por parte de algunos compañeros republicanos, algo que siempre rechazó.

Tras la muerte de Pi y Margall en 1901, Estévanez lidera un movimiento de unificación del republicanismo, pero al no conseguir el triunfo parlamentario colabora con los famosos revolucionarios Lerroux, Mateo Morral, Guardia y Ferrer organizando acciones por parte de la insurrección, aun manteniendo el partido federalista junto con el político Eduardo Benot. A Estévanez se relacionó con atentados anarquistas, entre los que se encuentra el atentado a la boda real de Alfonso XIII con Vitoria Eugenia de Battenberg. Por ejemplo, Pío Baroja lo acusó de traer la bomba desde Francia, ya que se encontraba envuelta en una bandera de este país.

Con la disolución de la República, Estévanez se exilió voluntariamente, primero en Portugal, en el exilio que realizó en Lisboa junta a la familia fue expulsado por conspirar contra la Monarquía de la Restauración, actividad que realizaría desde la mayoría de las estancias en que permanecía en el exilio. Posteriormente fue a Londres para proseguir con la organización de dichos levantamientos. El último exilio lo pasó en la IIIª República Francesa, es en París, donde reside más de cuarenta años trabajando como traductor para la casa Garnier. Ahí realizó obras juveniles y tradujo “La política” de Aristóteles, “Obras escogidas” de Séneca, “Obras escogidas” de Cicerón y “Del espíritu de las leyes” de Montesquieu, Estévanez también escribió artículos sobre los famosos poetas cubanos Juan Clemente Zenea, Plácido y Heredia. Sobre Estévanez se escribió la obra de “Pensamientos revolucionarios de Nicolás Estévanez”. Estévanez muere en París en 1914, por una pulmonía debido a la 1GM, donde luchó como voluntario en la defensa del país en el que residía, Francia, a pesar de la avanzada edad, casi 80 años.

En la faceta artística de Estévanez destaca la literatura popular y romántico. En 1857 comienzan a aparecer sus primeros escritos y en 1891 los recoge en el volumen Romances y cantares. En 23 de diciembre de 1878 aparece en Revista de Canarias su célebre poema Canarias. “Un breviario… de sentir y de gozar” dividido en siete partes; se trata de un canto de amor a su tierra desde el apego y la nostalgia, donde nace el mito del almendro, símbolo de la insularidad del isleño. Dicho almendro está situado en la actual casa del barrio de Gracia en La Laguna. Nicolás Estévanez publicó, además, un segundo volumen de poemas, Musa canaria en 1990, el libro en prosa y verso Rastros de la vida de 1913 y Fragmentos de mis memorias en 1903. En una gran parte de la obras de Nicolás, muestra el amor que sentía por Canarias. En el poema “Canarias” hallamos elementos puros de la poesía regionalista, en él, Nicolás intenta definir Canarias a través de hechos como la conquista, la vida de los aborígenes, el Teide, la heroicidad de los guanches y la crueldad del invasor, simbolizando a las islas con la “dulce, fresca e inolvidable sombra” de este almendro de su infancia, por crear este símbolo para el Isleño, el poeta Unamuno le deseó públicamente la muerte. En este poema también se simboliza a Canarias con una roca, una fuente, una peña, una choza, una senda o incluso el espíritu, así es como define Nicolás la patria que añoró en gran parte de la vida, calificando este espíritu como “isleño”, ya que entendía la patria junto al concepto de isla, aunque este concepto de patria isleña era más amplio que una isla en particular, luchó por unas Canarias autónoma dentro de una república federal.

El concepto de patria isleña se convierte por parte de Estévanez en un rechazo al insularismo y el pleito insular que vivía y vive Canarias, ya que este poema para la patria del “isleño” se realizó de forma que cualquier persona de las siete islas se pudiera ver representado en él, ya que supone una obra y un canto a todo el archipiélago Canario. Este poema es una de las obras literarias mejor valoradas y más populares en el seno de la sociedad Canaria, de ahí la iniciativa que pretende proteger la casa y el Almendro en el que vivió Nicolás Estévanez para convertirla en un monumento a la “patria isleña” y a la solidaridad entre las siete Islas.